… que febril la mirada.
Alfredo Le Pera, “Volver”
El medio siglo que nos distancia del golpe de estado de 1976 y los 60 años del golpe de 1966 no atenúan la mirada febril sobre aquellas coyunturas. Coyunturas políticas, momentos en que los cambios en las relaciones de fuerzassociales afectaban el conjunto de la ecuación política. Coyunturas en las que el estado de excepción operaba de modo cambiante, interrumpido o creciente hasta que golpe militar instauró la forma dictatorial en el Estado. La presente muestra nos introduce en todo ello a partir de una serie de documentos que fueron publicados, en los pasos previos a las asonadas militares, por las izquierdas argentinas. Desde la izquierda tradicional se editaba Nuestra Palabra, la prensa del Partido Comunista Argentino (PCA), y el vocero socialista La Vanguardia mientras que la nueva izquierda se configuraba en Socialismo de Vanguardia, de un desprendimiento de la izquierda socialista, La Verdad, órgano del trotskista e indoamericanista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), y No Transar, de los maoístas de Vanguardia Comunista (VC). El peronismo, proscripto desde el golpe de Estado de 1955, ingresa por una serie de folletos y panfletos de los sectores combativos que asociaron sus ideas, ideólogos y militantes al lenguaje irradiado por la Revolución cubana.
El desafío de los sesenta fue el desempate de la confrontación social. En 1966 la cúpula eclesiástica, la sindical y la empresarial acompañaron el golpe de Estado del general Onganía mientras que Perón llamó a “desensillar hasta que aclare”. En las revistas culturales de la muestra se denuncia la barbarie de ese golpe, tanto la publicación existencialista El Escarabajo de Oro y La Rosa Blindada -queexaltaron el nexo comprometido o el revolucionario entre política y cultura latinoamericanas- como Cristianismo y Revolución –ligada al Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo y al peronismo combativo de la CGT de los Argentinos.
Las Fuerzas Armadas en el poder ampliaron la trama de instrumentos legales de excepción y sumaron prácticas clandestinas de secuestro y tortura para reprimir primero a las protestas sociales iniciadas en 1969 con el Cordobazo y luego al creciente accionar de Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las principales organizaciones armadas argentinas. Sin embargo, en 1973 los militares debieron conceder las primeras elecciones democráticas en las que Perón y su movimiento pudieron participar y triunfaron. Ya en el poder, Perón y María Estela Martínez, conocida como “Isabel”, sellaron alianza con los dirigentes sindicales tradicionales de la CGT, estabilizaron el Pacto Social propiciado por el ministro José Ber Gelbard y ampliaron el poder político del ministro ultraderechista José López Rega. Varios documentos de la muestra recuperan el rechazo de Montoneros y otras izquierdas armadas al gobierno por no concretar las promesas populares y socialistas. Es el caso de diarios de circulación masiva y legal como Noticias y El Mundo y de las revistas El Descamisado, El peronista lucha por la liberación y Militancia peronista para la liberación, todos clausurados en los primeros meses de 1974. También exponemos las denuncias previas al rol “contrarrevolucionario” del líder justicialista formuladas por El Combatiente, órgano clandestino del PRT,y por Estrella Roja, prensa del ERP.
Perón fallecía en julio de 1974, poco antes había realizado cambios en el ordenamiento legal que constituyeron nuevas formas de estado de excepción. La adopción estatal de la figura del enemigo interno, el denominado “subversivo”, coincidió con la irrupción de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), responsable de amenazas y asesinatos reivindicados desde la revista El Caudillo. Revistas de agrupamientos culturales de izquierda como Crisis y Los Libros persistieron, otras como Nuevo Hombre lo intentaron pero fueron clausuradas y alguna, como Somos, página del Frente de Liberación Homosexual, dejaron de circular.
Desde fines de 1974 las izquierdas apoyaron las luchas obreras en medio de la intervención estatal a sindicatos clasistas y universidades y la persistencia del apoyo a Isabel de sectores relevantes del Partido Justicialista. Algunas corrientes de la nueva izquierda priorizaron esas luchas y tomaron distancia de las organizaciones armadas, mientras el Partido Comunista buscó la “convergencia cívico-militar” como salida ante la crisis. A fines de 1975 las crónicas y las controversias entre El Combatiente, Estrella Roja y Evita Montonera en torno a la devastadora derrota de los copamientos del cuartel de Monte Chingolo y el de Formosa, además del sangriento exterminio de la guerrilla rural en Tucumán, anticipaban el ocaso de las organizaciones armadas argentinas.
En marzo de 1976 se producía un nuevo golpe militar. La Junta Militar encabezada por el general Videla y apoyada por la cúpula empresarial y eclesiástica, por la gran prensa y por los Estados Unidos obtuvo rápidamente un amplio reconocimiento internacional, que incluyó a la Unión Soviética.
La instauración del terrorismo de Estado y su secuela de secuestros, torturas y desapariciones, la pasividad y la colaboración no lo fueron todo. La resistencia se articuló en torno de huelgas y boicots espontáneos, redes clandestinas de información, revistas culturales de resistencia molecular y organismos de derechos humanos en los que se destacaron las Madres de Plaza de Mayo y sus vínculos con las comunidades del exilio. Aún hoy el rol de las izquierdas en aquella coyuntura y la reversión progresiva del terrorismo estatal argentino atrae febriles miradas.
La muestra “Coyuntura y excepción”, curada por Adrián Celentano, se inaugura el viernes 27 de marzo. Podrá verse hasta el viernes 3 de julio en la sede central del CeDInCI: Rodríguez Peña 356, CABA, de lunes a viernes de 9 a 19 hs.

